Durante mucho tiempo me hicieron siempre la misma pregunta.
—¿Vos sos abogado penalista?
Y la respuesta era sencilla.
Sí.
Durante casi diez años dediqué mi ejercicio profesional, de manera prácticamente exclusiva, al narcotráfico, los delitos complejos y la litigación penal. Ese camino me permitió intervenir en investigaciones de gran magnitud, escribir sobre la materia, dar capacitaciones y llegar a presidir la Asociación Argentina de Abogados Penalistas.
Pero la profesión fue cambiando. Y yo también.
Hoy, después de diecisiete años de ejercicio, mi trabajo es distinto.
Sigo interviniendo personalmente en muchas causas. Mantengo el contacto directo con cada cliente porque considero que esa relación no puede delegarse. Sin embargo, mi función principal es otra: dirigir y supervisar el trabajo de Bianco & Asociados.
Muchos me preguntan por qué un estudio que nació con una fuerte impronta penal hoy trabaja en prácticamente todas las ramas del derecho.
La respuesta está en una expresión que utilizamos con frecuencia: casos complejos.
¿Y qué es un caso complejo?
No siempre es el expediente con más cuerpos.
No siempre es el que sale en los diarios.
Para mí, un caso complejo es aquel en el que las soluciones habituales ya no alcanzan.
Es el caso que otro abogado deriva porque entiende que requiere una estrategia distinta.
Puede ser una megacausa de derecho penal económico con decenas de sociedades involucradas.
Puede ser un litigio internacional.
Puede ser un conflicto sucesorio con un patrimonio importante.
Puede ser una responsabilidad médica.
Y también puede ser un divorcio.
Porque un divorcio sencillo puede resolverse en pocos meses, mientras que otro puede involucrar empresas familiares, bienes en distintas jurisdicciones, conflictos patrimoniales, medidas cautelares y una intensidad emocional que vuelve extremadamente difícil cualquier decisión.
La complejidad no depende de la materia.
Depende del problema.
Por eso en Bianco & Asociados no nos definimos por una rama del derecho.
Nos definimos por la forma de trabajar.
Somos un estudio boutique.
Eso significa que elegimos mantener una cartera selecta de clientes para poder dedicar a cada asunto el tiempo, el estudio y la estrategia que realmente merece.
No creemos en la producción en serie.
Cada expediente tiene una historia distinta.
Cada cliente merece ser escuchado.
Y cada estrategia debe construirse desde cero.
Con los años entendí también otra cosa.
La abogacía nunca fue un hobby para mí.
Un hobby es algo que uno hace para distraerse.
Esto es otra cosa.
La palabra «pasión» suele utilizarse como sinónimo de entusiasmo. Pero, en su sentido original, remite al padecimiento, a la entrega y al sacrificio. La Pasión de Cristo no fue un momento de disfrute; fue la expresión máxima del compromiso con una misión.
Así entiendo esta profesión.
Hay días de satisfacción y días de frustración.
Hay victorias que llegan después de años.
Hay derrotas que obligan a empezar otra vez.
Hay noches sin dormir estudiando un expediente y fines de semana preparando una audiencia.
No porque alguien lo exija.
Sino porque creo que quien deposita en un abogado su libertad, su patrimonio, su familia o su futuro merece encontrar del otro lado a alguien completamente comprometido.
Después de diecisiete años sigo pensando exactamente lo mismo que cuando empecé.
El derecho cambia.
Los desafíos cambian.
Las materias cambian.
Pero hay algo que no debería cambiar nunca.
La responsabilidad de defender cada caso como si fuera el único.
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